Todo empezó
con lo que parecía una aventura en solitario y terminó como uno de los mejores
viajes que he hecho con el triatlón. Doce horas y media de vuelo que solo las
puedo describir con un adjetivo, eternas. Asientos estrechos, ninguna
distracción y con personas a ambos lados. Es una vergüenza que la duración de
un vuelo y el nivel de comodidad de un avión no sean proporcionales. Menos un
punto para la compañía.
Una vez en
Lima hay muchas cosas que te llaman la atención. Por ser extranjero te intentan
chantajear un poco y hay que estar avispado. Me recordó a Marruecos, no tan
radical pero el bigotillo que me dejé para la ocasión y el acento canario estoy
seguro de que me fueron útiles en ventas de comida y taxis jajaja.
Ya había hecho
un viaje solo (a Karlovy Vary) y la verdad, no es algo que me asuste. Me gusta
tener libertad y conocer gente distinta. Ir a mi aire, en definitiva, y
perderme un poco por los sitios. Barrio rico y a la vez seguro, Miraflores, con
un gran centro comercial y vistas al mar. Mar lleno de surferos y calles
plagadas de gente con skate, longboards y jardines. Todo lo relacionado con
este tema tenía mucho tirón, y me gustaba.
No se podía
entrenar bici (los coches van locos y sin orden), no había piscina cercana y
las aceras estaban hechas para patinar, porque yo corriendo me resbalaba de lo
liso que era el suelo. Uno de los días fui a nadar con un grupo de triatletas
peruanos gracias a que su entrenador Daniel Montreuil me dio la oportunidad, y
así tocaba agua. Otro día de reconocimiento del circuito y el último de campeonato.
El triatlón era en un campo de golf a 95km de donde me quedaba y nos llevaban
en guagua. Aproximadamente tardaba hora y media y por el camino te dabas cuenta
de la gran desigualdad social que hay en el país.
El recorrido
constaba de una vuelta de 1500m nadando en el mar (con grandes olas en la
orilla), 7 vueltas a un circuito ciclista que combinaba un tramo de llano y una
gran subida del 14% de unos 300m, para terminar con algún tobogán y una bajada
muy técnica con giros cerrados. Me gustó el circuito, tenía mezcla de todo y se
hacía duro. La carrera a pie era llana y con un cono como punto de retorno para
completar 4 vueltas.
Las salidas de
playa se me dan bien y tras pasar por debajo de algunas olas me puse primero y
a tirar rápidamente. Primera boya en cabeza, segunda también y se hacía muy
difícil orientarse porque se salía mucho de la costa al ser vuelta única. Sin
darme cuenta me desvío y cuando me doy cuenta iba en dirección equivocada y
absolutamente solo. Es lo malo de ir primero, menos mal que me dio por mirar
hacia detrás. El grupo estaba compacto a unos 40 o 50 metros de mí y en otra
dirección… ¡Mieeeeerda! Pensé, carrera al garete… Me puse a nadar como un poseso pero aún así
controlando para no explotar definitivamente. Después de unos 600m persiguiendo
al grupo en solitario alcancé al último a 30 metros de la orilla y me dije,
“Vicente, tira de recursos”. Me giré para ver las olas que venían y esprinté
para coger una a pecho como me enseñó mi padre de pequeño, con la fortuna de
que pasé a todo el grupo y me coloqué como segundo triatleta en salir del agua…
Ni yo me lo creía ¡jajaja! Eso sí, asfixiado como el que más. Transición y
formamos un grupo de 5 en bici tirando fuerte que provocó corte. Los dos
australianos, Gaspar, Irving y yo. Nos entendimos bien y pasamos a relevos casi
todo el rato menos el mexicano que decía esperar a su compatriota Crisanto (muy
fuerte en la carrera a pie) y como a los demás no nos interesaba, colaboramos
para que no nos cogiera.
Nos bajamos a
correr con algo de ventaja y desde un principio nos desmarcamos Mcsweeney,
Irving y yo. Fuimos juntos hasta casi la tercera vuelta y en la última me quedé
solo con el australiano en cabeza. Pude atacarle a falta de 1km y algo y
finalmente conseguí la victoria. Lo pasé mal en carrera, hizo mucho calor y me
aparecieron heridas en los pies las dos últimas vueltas a causa del roce de las
zapatillas y los baños de agua que me daba en todos los avituallamientos. Pero
si no me los llego a dar tal vez me daba un golpe de calor.
Finalmente 3
horas para poder pasar el control antidoping. Estaba deshidratado y perdí la
cuenta de las botellas de agua que me tuve que beber para poder orinar. Pero
estuvo muy entretenido. Tuve la
oportunidad de conocer a Lenin, médico cubano con el que pasé largo rato
hablando y una de las personas por las que valió la pena hacer este viaje. La
organización fue magnífica y el trato recibido también. El público se volcó
animándome y se sabían hasta mi nombre. En definitiva fue un gran día y me
divertí como el que más.
Para terminar,
tengo que mencionar a un auténtico crack, el chileno Gaspar. Sin él tal vez
ahora seguiría en Perú ¡jajaja! Porque no me sonó el despertador la mañana que
salió mi avión y tuvo que venir a mi hotel a despertarme con un taxi. Por eso y
por los buenos ratos que pasamos los días allí.
Sudamérica es
especial, muy distinto a otros lugares que he visitado y ojalá pueda volver más
adelante. Gracias por leerme y lo siento por el sermón ¡jaja! Pero como ven, el
triatlón no es solo triatlón.
Un saludo.


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Vicente, comparto el video del evento.
ResponderEliminarhttp://youtu.be/UWHzSyWdiYM
Slds.
Victor Doig
Buena Vicente... además de ser un buen triatleta... eres un buen escritor!!!.... te esperamos algun dia en Iquitos.... www.triamazonas.com
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